“Una frenética crónica de la vida de quien yació al lado de Luis XVI (trabajo le costó, a ella) y de quien terminó guillotinada. La escritura de Zweig es nerviosa. No desperdicia una palabra. Escribe como si lo hiciera con munición. Y su diana es mostrar al mundo una niña que llegó de Austria para desposarse, una mujer de carácter que hacía del capricho virtud y una reina cuya cabeza rodó. «Ya solo le queda una cosa que hacer: morir, y morir bien»". César Casal, La Voz de Galicia.