Hasta cierto punto hilarante, hasta cierto punto complejo y en todo momento adictivo. Es muy difícil intentar definir un libro que no es una novela al uso, un libro que tampoco es un ensayo, ni una obra de divulgación, ni una biografía, ni un informe, y que, además, no pretende ser nada de lo anterior. Puede que, como Carrère, Tom McCarthy sea también un estilo narrativo en sí mismo. Porque “Satin Island” (Pálido Fuego, 2016) es todo lo anterior y a la vez no es nada de eso. Y eso no quiere decir que sea una obra contradictoria aunque sea la contradicción lo que lleve a su protagonista, U., desde Turín hasta Nueva York en un viaje de poco más de 200 páginas. Si alguien me pregunta de qué va “Satin Island” no sabría qué decirle; si me dice que le haga un resumen de la trama, tampoco; pero si me pregunta si se lo recomiendo, la respuesta es un “evidentemente, sí”.