Maldito
el Baudelaire de los retratos, es de la mirada perdida y penetrante
que reta al objetivo y que me mira desafiante, siempre al otro lado
del espejo. Malditos ojos. Maldito simbolismo y maldito mundo
indescifrable. Bendita Mariette quién crió al poeta y al que el
maldito dedicó unos versos de Las flores del mal, y bendita
la maldición de Sarah, la prostituta judía bizca y enferma para la
que Baudelaire también tuvo palabras: ‘Una
noche en que estaba con una horrible Judía, como un cadáver tendido
junto a otro, pensaba, al lado de aquel cuerpo vendido, en esta
triste belleza de la cual mi deseo se priva.’
Tan maldita como el poeta fue Jeanne, la Venus negra, dama
exótica y voluptuosa que inspiró una y otra vez a Baudelaire
durante su larga e intensa relación.
