Malditos Bastardos, dejad de lloriquear. Echadle un par de huevos o de ovarios, pero echadle algo que sirva. Despojaos de todo lo que tenéis, sobre todo de esas ideas de mundo feliz que os metieron en la cabeza y salid a la calle. Porque os mintieron. Salid a la calle reclamar lo que es vuestro. Os han ofrecido demasiadas ventajas a gente como vosotros, que no se lo merece, que no tiene ni puta idea. Mucha Universidad, mucha carrera y, ¿para qué? Para que dejéis erosionar el mundo. Para que la lucha de las generaciones que os precedieron se vaya al garete. Para que los bancos y el consumo sigan siendo los dueños de todo y vosotros una mercancía que vale menos que una mierda. Os llaman generación Ni-Ni. Generación Y. Generación Perdida. Os llaman de mil formas porque hay pocas palabras para describir este desastre que habéis montado. Y os quedáis callados. Lloráis. No hacéis nada. ¿Qué necesitáis para daros cuenta? ¿Un puto despertador metido en el tímpano? Leed, leed, bastardos.
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[malditos bastardos, dejad de llorar
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[Las Teorías Salvajes
Quien más quien menos ha escrito alguna vez una carta de amor. A lo largo de la historia
las ha habido de todos los colores. Más cortas, más largas, de
despedida, perezosas, forzadas, púberes, de perdón, de conquista,
llenas de lágrimas, embotelladas, odas a un beso y extremadamente
vacías. De todas ellas, ganan sin duda aquellas que se escriben como
a escondidas, en bancos de parques y cerca de la almohada, aquellas
en las que los destinatarios son un secreto. Por eso, las cartas a
Julietas, Ofelias, Isoldas y Beatrices falsas se cuentan por decenas
de miles en todo el mundo. Pero cuando encuentras un libro en el que
las cartas de amor van dirigidas al mismísimo Mao Zedong que responde al seudónimo de
Moo, algo puede llegar inquietarte. Como poco, a llamarte la atención. Estás ante
Las Teorías Salvajes.
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