Era un día excesivamente calurosa y el Conde bebía
sentado en un populoso asiento de cuero marrón. Se limpiaba la
frente con un pañuelo de seda mientras por su mente desfilaban
palabras como unión, federalismo, europeísmo, unión de estados,
democracia, justicia social, patriotismo. No podemos perder más
tiempo, pensaba.
Debemos unir nuestras fuerzas cuanto antes. Bebió
otra taza de té helado, una de sus bebidas favoritas por la
(supuesta) influencia de la mitad de sus cromosomas, japoneses. El
folio todavía estaba en blanco. Apuró la taza. Se limpió los
labios y miró al crucifijo que presidía su despacho.
