Escritores: ¿Quieres vengarte de tu marido? Dedícale un libro

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Ser la mujer de un artista no es nada fácil. La mujer de un escritor, todavía menos. Y aquí da igual que sea un narrador reconocido que publica libros como churros o que la mayor parte de su obra esté metida en un cajón o, en su defecto,  en una carpeta oculta de su PC. Si repasamos la historia de la literatura encontramos muchos de sus nombres propios retratados como auténticos tiranos, personajes egocéntricos, muchas veces arrogantes y otras tantas maniáticos,  que se las hacían pasar canutas a los que tenían alrededor. Por supuesto, l@s que estaban a su alrededor eran generalmente sus esposas e hijos, porque para las y los amantes ya tenían versos dedicados y con eso aparentemente era suficiente. Por supuesto, hay de todo, y seguro que los había que eran igualmente inaguantables en la cama que tomando el primer café de la mañana que en una sobremesa familiar.

Entre los nombres propios que se llevan la palma en esto de “putear” a la cónyuge y compañera estarían Dickens, sobre cuya reputación pesan entre otros adjetivos los de infiel, racista  y mentiroso;  Thomas Mann, con una vida personal y familiar llena de controversia y “trapos sucios”; James Joyce, alcohólico y obsesivo que mantuvo una relación que rozaba lo insano con su mujer, Nora;  J. D Salinger, que optó por un aislamiento radical que le llevó a crear a su alrededor una fortaleza en la que no había lugar para nadie salvo para él y cuya esposa tuvo que aguantar años de silencio e indiferencia por parte de su esposo; y los rusos Dovstoievsky y Tolstói, que podríamos considerar casos aparte y que se llevan la palma.  

Prestaremos, en esta ocasión, más caso al segundo y a la relación que mantuvo con su esposa, Sofía.

De Sofía Behrs a Sofía Tolstói

Sofía Behrs conoció a León Tolstói en el verano de 1862. Ella tenía 18 años y él 34. Se comprometieron poco después de su primer encuentro y en menos de una semana ya habían celebrado su boda. El primer “sopetón” que se llevó Sofía fue en la misma noche nupcial: su marido, que por entonces ya era un escritor reconocido, le dio su diario personal para que lo leyera. En aquellas páginas Tolstói contaba su vida íntima y sexual antes de su matrimonio, sus visitas a burdeles y sus deseos más ocultos,  y reconocía hechos como que, en una ocasión, abusó de una sierva que residía en su finca rural de Yásnaia Poliana y que de aquella violación había nacido un hijo. Desde luego, todo lo que una chica joven y obnubilada por el poder intelectual de su esposo quiere oír durante la noche de bodas...Vamos, una auténtica joya.
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León Tolstói y su esposa, Sofía
Después vinieron los partos, uno tras otro,  puesto que Tolstói se negaba a usar métodos anticonceptivos. Y entre embarazo y embarazo en el día a día del matrimonio se fue instalando como un integrante más ese aura de santidad que perseguía al escritor ruso y que lo convertía en un ser desequilibrado e insoportable, ya que él mismo se creía poseedor de una superioridad moral que le permitía juzgar cuanto ocurría a su alrededor. Sofía aguantaba el tirón porque, además de ser esposa y madre, era también la copista de su marido, por lo que estaba al corriente de todo lo que éste escribía. El tándem era extraño, pero de alguna manera, funcionaba. O al menos funcionó durante años, hasta que en 1895 Serguéi Tanéyev, pianista y compositor, se trasladó a la finca familiar de los Tolstói para pasar allí el verano. El apego y admiración que Sofía sintió por él y, sobre todo, por su música, se manifestó de inmediato y despertó los celos en Tolstói. Como “reprimenda”, el ruso escribió su novela corta llamada La sonata a Kreutze

Conociendo el argumento de este libro podemos imaginar la cara de espanto que se le quedó a Sofía cuando su marido le pasó el manuscrito de su nuevo libro para que lo copiara y que podría ser el retrato de su propia vida en común:  en un vagón de  tren el protagonista de la obra, de nombre Pózdnyshev, conversa con el resto de pasajeros sobre la vida. Habla de su juventud  llena de perversiones sexuales  y del matrimonio como una especie de objetivo vital, un convenio o un contrato en el que el supuesto amor inicial, si es que lo existe, pronto se transforma en odio. También habla de disputas domésticas y de periodos de amor desenfrenado con su esposa y de la vida familiar como algo sobrevalorado que rompe con la  pareja ( "La última carga de nuestra vida de cerdos (nuestros hijos) nos arrastró bien lejos; la vida se volvió más dura que nunca”).  Ya entrados en harina, Pózdnyshev cuenta que su mujer,  en un momento determinado, comenzó a verse con un músico, un violinista que era capaz de “hipnotizarla" con la música gracias a la “Sonata a Kreutze”, de Beethoven. Finalmente Pózdnyshev narra como un día,  consumido por los celos, clavó un puñal en el pecho a su esposa y la mató. 

Con este cuento Tolstói justifica la abstinencia sexual como una parte necesaria de la vida e incluso del matrimonio (muy en su línea cristiana ortodoxa) e intenta transmitir a la mujer (a la suya primero y a todas después) una lección moral: el amor carnal y desenfrenado conduce a la muerte.
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Serguéi Tanéyev
Así pues, con todas estas cartas sobre la mesa, y sintiéndose menos culpable de su “atracción” por Tanéyev (su marido había sucumbido totalmente a su ideario político-social), Sofía Tolstói decidió escribir un libro como respuesta a La sonata a Kreutze.  Para esta novela corta (tiene poco más de 90 páginas), que no se publicó en su momento,  Sofía barajó varios títulos, entre ellos “¿Es ella culpable?”, “Asesinato”, “Mucho tiempo tras el asesinato”, “Cómo fue ella asesinada” o “Cómo los maridos asesinan a sus esposas”. En este relato la autora responde siendo clara como el agua y dejando a punto de nieve todas las coincidencias posibles: la protagonista de su libro es una mujer que se ha casado con un hombre que era mucho mayor que ella y que la impresionó intelectualmente, un hombre desequilibrado, emocional y sexualmente inestable, celoso  y obsesivo hasta la médula, igualmente moralista que depravado y totalmente fuera del mundo de la cordura. Una venganza en toda regla. Si en su época "La sonata a Kreutze" fue censurada, con este relato hubiera pasado exactamente lo mismo. 

El manuscrito del libro-venganza de Sofía Tolstói permaneció durante tiempo oculto entre sus papeles y documentos personales. Ella murió en 1919, nueve años después que León, quién la había abandonado oficialmente apenas una semana antes de morir. No se sabe con certeza en la fecha en que Sofía escribió este texto aunque es posible que lo hiciera durante los últimos años de su matrimonio, que fueron algo más que tormentosos según apuntan testigos y amigos de la familia.
Sonata a Kreutzer. Cuadro de René-Xavier Prinet (1901)
El verano pasado el relato de Sofía, junto con otra novela suya titulada "Song Without Words"  (que aborda los límites de la atracción sexual y la intelectual ) y las respuestas que escribieron dos de los hijos del escritor a "La sonata a Kreutze"  fueron publicadas por la Universidad de Yale bajo el título “The Kreutzer Sonata Variation” (Las versiones de La sonata a Kreutzer). Este compendio de textos sirven para reivindicar  el papel de Sofía como creadora a la sombra del genio,  ya que algunos de los discípulos de Tolstói intentaron incluso manchar su imagen  acusándola de ser una aprovechada porque la esposa, en calidad de compañera vital y de madre de sus hijos, se negó a aceptar que su marido donara todos sus bienes materiales “a la Humanidad”.  Según algunas fuentes, entre sus delirios religiosos y ambiciones de gloria, León Tolstói sabía que su mujer escribía, aunque nunca quiso leer sus textos. No le hubiera venido nada mal...

Sonata Kreutzer variations

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