Escritores: Pequeños apuntes (un poco sucios) sobre Thomas Mann

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La vida es una cuestión de ciclos. De ciclos que nacen y se desarrollan, que mueren, que una veces se repiten y otras no. En el caso de las lecturas ocurre exactamente lo mismo. Hay épocas en las que devoras libros a un ritmo trepidante, da igual el género o la trama, y otras en las que no encuentras motivación alguna. Me encuentro en esta segunda fase porque me ha ocurrido algo que hacía tiempo no me pasaba: “Abril Rojo”, de Santiago Rocangliolo, a pesar de ser una novela laureada, no me está gustando demasiado. Y eso que el tema es interesante y el género negro, es decir, la novela negra, no me desagrada del todo. Pero hay algo entre esas páginas que se me atraganta y no sé lo que es. Cuando lo averigüe seguro que lo comento por aquí. Mientras tanto, y para seguir el ritmo del blog, he decidido comentar algunas curiosidades sobre Thomas Mann tras releer un artículo que escribí para otro espacio web y en el que hablaba sobre el curioso e insólito destino de su casa, que pasó de ser el hogar familiar de uno de los escritores más importantes de Alemania a convertirse en un Lebensborn, palabra que más o menos viene a decir “fuente de vida”.

Efectivamente se trata de lo más sórdido y morboso que os puede sugerir la expresión: la casa familiar de los Mann de Munich se adaptó como un espacio donde oficiales y soldados de raza aria copulaban con mujeres también de raza aria para proveer a Alemania de niños y niñas como ellos dirían “puros”, osea, muy rubios y con ojos claros. El descubrimiento de tal cambio vino de manos de Klaus Mann, segundo hijo del escritor, quien regresó a la ciudad 1945 tras doce años de exilio y vistiendo el uniforme militar estadounidense. Vestir ese traje no era un acto de traición, al menos no como se entiende una traición convencional. Al fin y al cabo Klaus era en aquel momento y sobre todas las cosas un periodista del diario estadounidense Starsand Stripes que cubría la guerra.

La familia de Thomas Mann, debido a su ascendencia judía, tuvo que marcharse de Alemania cuando Hitler llegó al poder. La vida de lujo y bohemia que los hijos de Thomas Mann llevaron en su adolescencia y juventud, así como muchas de sus pertenencias personales, incluida la biblioteca del escritor, se quedaron allí para siempre. También parecieron quemarse entre las llamas de la ciudad la fama y el prestigio de la familia y de su apellido antes de la guerra. Ningún alemán quería ya a los Mann en 1945. Así que la opinión que Klaus tenía de sus compatriotas no era precisamente positiva. Para su padre las cosas eran distintas. El Premio Nobel de Literatura, el gran escritor, mostró desde un principio su oposición al movimiento nazi. A pesar de eso, con el ascenso de Hitler en 1933, fueron sus propios hijos quienes más le recriminaron una postura pública que ellos consideraban demasiado laxa y ambigua frente al régimen tras pronunciar Mann su famosa frase “Donde yo esté está Alemania”. La mala relación entre ellos (entre los hijos y el padre, digo) se acentuó notablemente a partir de entonces, especialmente con Klaus, con el que el trato era horrible. Tan horrible que muchos dicen que el suicido de este último en un hotel de Cannes en mayo de 1949 tuvo entre sus causas directas su propio padre.

Por supuesto éste no era el único motivo. No vamos a "echarle la culpa" únicamente a su padre.  Klaus Mann era también morfinómano y pertenecía a una generación de escritores para los que la II Guerra Mundial y las políticas internacionales que se desencadenaron después suponía el caos, el descenso a los infiernos, el fin del mundo. Además, en la familia Mann las crisis y la depresión eran una constante y estaban a la orden del día. La propia esposa de Mann, Katia,  estuvo ingresada mucho tiempo en un psiquiátrico (lo que valió de inspiración al escritor para dar a luz una de sus obras más emblemáticas,  "La Montaña Mágica"), dos de sus hermanas se suicidaron y muchos amigos del círculo íntimo del propio Klaus también se quitaron la vida. Años después,  otro de los hijos de Thomas, Michael, también se quitó la vida. Una de las hijas pequeñas de Thomas Mann y Katia , de nombre Elizabeth, declaró que eso del suicidio, en su familia “se llevaba en la sangre”.
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Parte de la famila Mann. Thomas Mann, su esposa, Katia, y sus dos hijos mayores: Klaus y Erika
No debía ser una familia fácil la de los Mann a pesar de ser hombres y mujeres cultivados, auténticos genios con una posición social respetable y acomodada. La niñez de los hijos que Thomas Mann tuvo con Katia Pringsheim fue feliz. Este matrimonio, según muchos, fue una artimaña del escritor para subir posiciones en el escalafón social ya que su suegro era un importante hombre de negocios, influyente y, sobre todo, muy rico. El carácter de Thomas Mann tampoco era fácil: de él se dice que en la intimidad era déspota, machista y misógino, extremadamente severo, frío y envidioso. Sin embargo,  Thomas y Katia aparentemente eran felices y tuvieron hijos, nada más y nada menos que seis. De todos ellos Erika, la mayor, era el ojito derecho de su padre, repitiendo un patrón similar a la obsesión que James Joyce sentía hacia su hija Lucía. Durante su adolescencia, el segundo de los hijos de Thomas Mann, Klaus, también recibió atenciones constantes de su padre, aunque el motivo, para algunos, era algo más que enfermizo y deplorable. En una ocasión Mann llegó a escribir en su diario: “Eissi me tiene cautivado, está guapísimo en bañador. Me parece bastante natural enamorarme de mi hijo. ¿Será que he terminado para siempre con las mujeres?”. Y es que parece que Mann tenía una sobresaliente atracción por los hombres rubios y bellos, un curiosa afirmación ésta teniendo en cuenta que Mann siempre reprochó a Klaus su evidente amaneramiento.

Otro de los aspectos controvertidos dentro de la familia de Thomas Mann era la supuesta relación incestuosa que su esposa, Katia, mantuvo con su hermano mellizo, el compositor y maestro de música Klaus Pringsheim, un secreto de familia que fascinaba al escritor y que pareció repetirse también en sus hijos mayores. La relación Erika y Klaus fue más que comentada en los círculos sociales de la ciudad en los años 20 y 30. Sin embargo en este caso hablaríamos de algo así como un “incesto emocional” y en ningún caso físico ya que Klaus era homosexual y Erika abiertamente lesbiana. No obstante, Klaus alude en algunas cartas a una especie de acuerdo entre los dos hermanos, que se autoconsideraban almas gemelas, mediante el cual establecían con quién podían o no acostarse. La relación entre ellos era tan estrecha que estuvieron comprometidos respectivamente con las parejas del otro. De hecho,  el primer marido de Erika Mann fue el actor Gustaf Gründgens, amante de Klaus y a quién éste le dedicó su obra más conocida, “Mephisto”. 

Según algunas biografías Klaus no perdonó a su hermana que, ya después de la guerra, acercara posturas con el progenitor de ambos.
klaus y erika mann
La revisión de la biografía de Thomas Mann y de su familia bien podría servir para protagonizar un culebrón en el que tendrían cabida oposiciones políticas, orientaciones sexuales variadas, incesto, todo tipo de rivalidades artísticas y literarias, enfermedades psíquicas y suicidios. La verdad es que es apasionante. Y durante muchos años esta imagen no demasiado positiva de los miembros de la familia Mann es la que desde Alemania se ha proyectado. Sólo la última superviviente del clan , Elizabeth Mann Borguese, quinta hija del escritor, rompió una lanza a favor de su padre en una entrevista concedida en 2001 (murió en 2002). Dijo que de él se había exagerado su homosexualidad y que sus padres estaban realmente enamorados, que la casa en la que vivían era un punto neurálgico de la vida cultural de la época y que todos la disfrutaron y se beneficiaron de ella. 

La vida Elizabeth Mann, que se dedicó durante años a la recuperación y cuidado de los océanos, también es digna de novelar: se casó a los 21 años con el escritor y crítico literario italiano Giuseppe Antonio Borgese, 36 años mayor que ella y al que Mann odiaba profundamente. Según sus propias declaraciones,  hasta que su padre y su marido no murieron fue incapaz de ser y pensar por ella misma y de desarrollar su propia carrera vital y profesional. El recuerdo más bonito del que habla Elizabeth en esa entrevista es uno que le transporta a la tarde de 1929 en que tuvo que despertar a su padre de la siesta porque habían llamado desde Estocolmo: iba a recibir el Premio Nobel de Literatura. “(Yo) Era la única que habría podido despertarlo de la siesta sin consecuencias”, añadía inmediatamente después. 


 

2 comentarios:

Kamilo dijo...

Thomas Mann era homosexual? No me queda claro. Estoy leyendo a este autor. Voy a empezar a leer una segunda novela de él tituada "La estirpe de Odín", luego de haber leido "La muerte en Venecia" Me dió por buscar datos sobre Mann porque quería saber más cosas sobre su vida y me topé con este artículo. Aunque también leí una autobiografía de él "Relato de mi vida" y no encontré nada relacionado con la homosexualidad. Saludos, buen blog. preludioalparaiso.blogspot.com

Mapi Pamplona dijo...

Hola, Kamilo. Gracias por comentar este artículo. Algunos apuntes y textos referidos hacia su persona y la relación un tanto turbulenta que mantenía con su esposa apuntan a que Thomas Mann podía ser homosexual. Parte de esos comentarios son de su hijo, al que he hecho alusión en este breve apunte biográfico. No conozco esa biografía que me comentas, pero la revisaré. Lo cierto es que Mann es un autor al que conviene leer y releer. Te sigo en http://preludioalparaiso.blogspot.com.es/. Gracias y saludos, Mapi Pamplona